Sobre Abominaciones y otras Luces

La muestra Sobre Abominaciones y otras Luces es una indagación sobre la génesis de la forma.

La materia prima con la que trabaja Gabriel Rud es digital. Mediante apropiación de tecnologías, programas e interfaces que capturan la gestualidad manual, genera volúmenes virtuales. Del juego, obsesiones, trances y prolongadas manipulaciones de esta materia digital, surge un mundo de formas abominables.

Participa como artista invitado Daniel Melero con una versión instrumental del tema Supernatural compuesta especialmente para la muestra.

Sobre Abominaciones y otras luces por Marta Zátonyi

EL TODO BUENO

Primero era el logos. En la tierra imperaba el vacío, y en el universo, el desorden.
Las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. Por ello, en el principio creó Dios los
cielos y la tierra. Los creó con sus palabras.
Y luego dijo Dios: sea la luz, y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó
Dios la luz de las tinieblas.
Luego dijo Dios: haya expansión en medio de las aguas, separó las aguas de
arriba de las aguas de abajo. Y fue así. Y advirtió Dios que era bueno.
Después Dios generó la hierba y el árbol, los ciclos, los tiempos y los cuerpos
celestiales, el día y la noche, los habitantes de los mares, de los aires y a todos
les dio fertilidad. Seguidamente Dios decidió crear los animales de todo tipo. Y al
revisarlos, juzgó que todo era bueno.
Pronto hizo al hombre, lo hizo a su imagen: al varón y a la hembra los hizo.
Ordenó que las bestias, igual que las plantas, les sirvieran para alimentarse y el
agua para apagar su sed. Y Dios miró a todas sus criaturas y sentenció que era
bueno todo lo que había hecho.
Todo lo que había, era bueno, porque todo lo que había, era hecho por él. Todo
era bello, porque todo era bueno. Así lo fijan las primeras palabras de la Biblia. Es
la primera enseñanza de la Génesis.
El pavoroso caos mútose en luz, en hábitat del hombre, en verbo. Y desde
entonces, el hombre avanza sin cesar hacia el caos, avanza por la palabra, el
mundo se crea con la palabra.

LA TRAMPA DE LO BELLO

Pero había una trampa. Todo era bello porque todo era bueno. Faltaba algo. Lo
feo faltaba, lo malo faltaba. Todo tenía la forma que decidió Dios padre, nada se
movió para no perder su hermosura. Y Dios no alternó ni lo que ya había, y estaba
bien, ni en lo que se reflejó por la nada. Que no estaba hecho. Lo que no estaba
hecho, era el caos. Pero el caos también estaba bien hecho.
Lo más terrible no es lo feo como rival de lo bello. El espanto era el invasor, el
destructor, el nuevo bárbaro; aquello que no sabe porque no se sabe qué es lo
que es y hacia dónde va, porque no va hacia ningún lugar, porque el “hacia” ya
está hecho por Dios y es bueno. Porque es algo.

Las pavorosas huestes comenzaron a engendrarse de esta trampa de lo bueno,
de lo perfecto. Lo deformaron y eternamente siguen deformando. Eternamente.
No permiten que lo que hayan tocado se quede quieto. La forma se deformó, y el
nuevo engendro no pudo adquirir la palabra nueva porque otra vez fue arrastrado
y empujado a ser deforme. Y así siempre, y así sin parar.
Sin los Señores de la Mutación; ellos redimieron al hombre de la eterna belleza
del Dios y de la eternidad de su bondadosa trampa. Agitaron lo puro y lo único. Y
devenían los bastardos, los híbridos y los mestizos. Que nunca se aquietan, se
deforman perpetuamente. Y vino al mundo lo abominable. Y desde entonces se
multiplica infinitamente.
No se conduce a ningún lugar, sino que se expande hacia toda parte. Con él se
quiebra el dúo de lo bello y de lo feo. Pues su enemigo nunca ha sido lo bello, sino
el letargo, la calma y la quietud.
Por donde pasa lo abominable arrasa con la forma y deforma sin cesar. Arrasa
con la palabra, arrasa con el hábitat. Los llenos y los vacíos pierden su límite, se
agitan, se revuelven, se contraen, se expanden.

EL SECRETO

El amanuense Rud escribe y sueña, indaga y titubea. Se retrocede, avanza. Vacila
y elige. Entre eso y aquello. Atraviesa los parajes de la doxa, los parajes de la luz,
de la forma y de la palabra. Como hechizado se despliega por los oscuros pasajes
siempre transitados aunque nunca habitados, donde las masas tumultuosas de
las no-formas provocan sin cesar algo bastardo, mestizo, híbrido. Lo abominable.
Valiéndose de la alquimia de las luces invisibles, el amanuense Rud va captando
esta mutación que se derrama de la no-forma a la no-forma. No se preocupa de
llevar lo bello a lo feo, tampoco, al revés. Quiere atestiguar la secreta esencia de
energía, de la vida básica, lo abominable.

Marta Zátonyi 2012